viernes, 10 de diciembre de 2010

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01 de Septiembre de 2003

Querida Eliana,
Me encuentro muy feliz de contarte lo que recuerdo de los tiempos en que tu abuela y yo crecimos. Ella era una chica hermosa de pelo rubio y rizado de alrededor de 11 o 12 años la última vez que la vi. Yo era un colegial tímido y un par de años mayor que ella. Eso fue en 1938 pero permitime que empiece por el principio.
Vivíamos en una zona de Hamburgo llamada "Grindel" donde vivían la mayoría de los judíos polacos. De hecho, tu abuela vivía con su familia a pocos minutos de distancia de donde yo vivía con mi familia. Muchos de nosotros fuimos inmigrantes de Polonia. Nuestra vida giraba en torno a las Sinagogas locales (hubo varias) y la escuela judía de varones Talmud Torá.
Permitime volver atrás en el tiempo, la abuela de tu madre (mi tía Cilly) y mi padre (Chaim Zloczower) eran hermano y hermana. Venían de Lemberg, la parte sud-oeste de Polonia, llamada Galicia, (Lemberg fue Austro-Húngaro antes de la Primera Guerra Mundial, y luego se convirtió en polaco y se llamaba Lvov. Hoy en día pertenece a Ucrania y se llama Lviv). No sé mucho acerca de sus padres, salvo que un abuelo era Rabino. Todavía había un tío (tío Munio) que vivía en Lemberg cuando mis padres, mi hermana Betty, yo llegamos a Lemberg en el verano de 1938. Este tío era un dramaturgo yiddish y sus obras se realizaron en teatro a nivel local.
Probablemente sabes por que los padres de tu abuela y el mío dejaron su ciudad natal. Polonia en ese momento era muy antisemita y no había vida ni esperanza para los judíos. Muchos de ellos dejaron Europa del Este para escapar de la persecución y para encontrar la libertad, para vivir, trabajar y practicar su religión tranquilamente.  Como miles de otros, mi padre tomó su camino hacia los Estados Unidos en 1904, pasando por Hamburgo. Sin embargo, cuando llegó a Hamburgo decidió quedarse allí en lugar de seguir su viaje por mar. No sé si el padre de tu abuela llegó a Hamburgo antes o después de mi padre. Tampoco sé si se casó con tu bisabuela en Lemberg o en Hamburgo. Lo único que sé es que tu abuela nació en Hamburgo y yo también, solo que unos años antes que ella.
Tu abuela vivía con sus padres, su hermano mayor Leo, y su hermano menor Jacob en el mismo barrio que yo y nos reuníamos muy a menudo. Tu bisabuelo materno tenía una tienda donde se vendían huevos (tal  vez también algunos productos lácteos), recuerdo que todos los huevos los hemos comprado en su tienda. Él era un hombre bueno y nos gustaba mucho.
Nuestro barrio "Grindel" era muy similar a un Gueto, excepto que éramos libres de ir y venir. Fui a la Talmud Torá, al igual que mis cinco hermanos, donde había dos asignaturas religiosas y seculares. Después de los primeros cuatro grados, a la edad de diez, los niños eran promovidos a clases académicas o de práctica. Yo tomé las clases académicas: aprendí inglés y francés, así como el alemán y el hebreo. Mis asignaturas favoritas eran los idiomas, la geometría y la geografía. Yo tenía muchas ganas de aprender latín y griego, pero todo llegó a su fin cuando tenía catorce años. (Más sobre esto adelante). Mis hermanas fueron a la escuela de niñas judías, a la que estoy seguro tu abuela también debe haber asistido.
Mi padre, (tío de tu abuela) era un carpintero de oficio (hacía sobre todo, objetos de madera). Tenía dos tiendas de muebles en Hamburgo hasta que los perdió en la Depresión de Alemania en la década del '20. Eso fue antes de que yo naciera. Aquellos tiempos fueron difíciles, pero lo peor aún estaba por llegar. Cuando Hitler llegó al poder en 1933 yo tenía nueve años. En ese momento, nuestra vida cambió por completo. Mi padre ya no podía encontrar un buen trabajo y terminó cargando tambores de aceite en el puerto. Mis tres hermanos mayores (dos fallecidos) y mis hermanas también trabajaban, pero seguíamos siendo pobres. No sabíamos de un día para el otro si podíamos pagar la renta o pagar por la comida. Pero lo que hizo que las cosas fueran aún peor, era que muchas cosas estaban prohibidas para nosotros por ser judíos. En la escuela y en la sinagoga había agentes nazis para asegurarse que nadie estaba conspirando contra el régimen. Los niños judíos ya no podían ir a las escuelas alemanas, muchos abandonaron sus hogares para venir a Hamburgo para poder ir al Talmud Torá. Recuerdo que tomamos en casa a dos niños judíos que luego se convirtieron en novios de mis hermanas.
Una mañana de octubre de 1937, una semana después de mi cumpleaños número catorce, la policía alemana llegó a nuestra casa, arrestando a mis padres y a mi hermana Betty y les dieron quince minutos para estar listos e irse. Ellos no me arrestaron porque yo era menor de edad. Me quedé solo, y no me dieron ninguna explicación. No dijeron donde llevarían a mis padres, o cuando regresaban. Yo tenía miedo y no sabía qué hacer. Corrí por la calle a la casa donde vivía tu abuela, pero la policía ya estaba allí; así que di media vuelta y regresé corriendo a la calle. Conocí a otro niño judío cuyos padres también fueron arrestados. Decidimos tratar de encontrar a nuestros padres, así que fuimos a la estación de policía donde inmediatamente nos arrestaron y, por lo que en retrospectiva parece un milagro; me reunió con mis padres y mi hermana.
Estábamos reunidos junto con otros cientos de judíos polacos en un área enorme. Nadie sabía lo que iba a pasar con nosotros. En poco tiempo, nos pusieron en un tren y viajamos toda la noche; pero nadie sabía dónde.
El tren se detuvo en la frontera de Alemania con Polonia.  Todos nosotros tuvimos que salir y caminar por un sendero hacia la frontera, siempre vigilados por la SS. Los puestos fronterizos se abrieron para dejarnos en lo que era "tierra de nadie", un gran campo estéril que separa Alemania de Polonia. No sólo hubo miles de judíos de Polonia que vivían en Hamburgo, sino también, de pueblos cercanos que habían sido detenidos el día anterior. Había mucha gente mayor que apenas podía caminar, niños pequeños con sus madres llevando paquetes sobre sus espaldas (las pocas pertenencias que lograban llevar). Nadie sabía lo que todavía nos esperaba.
El problema era que los polacos del otro lado de la frontera no nos dejaban pasar a Polonia, por lo que tuvimos que sentarnos en el suelo. Cuando la SS vio que no estábamos en movimiento, vinieron detrás de nosotros. Hubo disparos, y el pánico se desató. Cuando los guardias fronterizos se vieron desbordados, corrí hacia la frontera y no pudieron alcanzarme. Miles corrieron, y milagrosamente, mis padres y mi hermana Betty se encontraban entre ellos.
Este es sólo un capítulo de la historia. Otro capítulo es sobre nuestra estancia de nueve meses en la aldea fronteriza de Polonia y nuestro traslado a Lvov. También podría decirte, si estas interesada, cómo salí de Polonia con un grupo de niños refugiados a Inglaterra y llegué a salvo a sólo tres días de que estallara la Segunda Guerra Mundial.
Por ahora, haceme saber si todo esto es realmente lo que querías saber.
Con amor para vos y tu abuela y mis mejores deseos para tus padres,
Gunther.